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Por qué San Pancracio terminó siendo el santo de la suerte

Por qué San Pancracio terminó siendo el santo de la suerte



Ni en Frigia, la antigua región de Asia Menor donde nació San Pancracio en el año 289 d.C., ni en Roma, donde vivió este joven romano que se convirtió al catolicismo, se conocía por aquel tiempo el juego de la Lotería. Y sin embargo, a este santo se le invoca cada 22 de diciembre en busca de suerte y su figura se puede ver en muchas administraciones y tiendas españolas. Es fácil de reconocer: ataviado con un manto, con la palma de mártir y un libro abierto en una mano y el dedo levantado en la otra. Ese índice que en algunos sitios aún sostiene una antigua moneda de 25 pesetas, de esas perforadas en su centro. Y bajo su modesto pedestal, el décimo de Lotería de Navidad en el que tantas esperanzas se han depositado, para que al santo no se le olvide el número o para que esos cinco escogidos dígitos se impregnen de buena onda, quién sabe.

La imagen, según aseguran los entendidos, tiene que ser regalada, nunca comprada, y debe colocarse con el dedo elevado mirando hacia el interior del comercio o de la casa, con dinero cerca y acompañada de un ramo de perejil.

Nadie sabe a ciencia cierta cómo nació esa arraigada creencia que vincula a San Pancracio con los juegos de azar. Se cuenta que este joven romano era hijo de unos nobles paganos. Su madre, Ciriada, murió en el parto y su padre, Cleonio, falleció cuando el niño apenas tenía 7 años. Pancracio se fue a vivir con su tío Dionisio a Roma y allí ambos se convirtieron al catolicismo y donaron a los pobres muchas de sus posesiones. Apenas tenía 14 años cuando el emperador Diocleciano decretó la última y más violenta persecución a los cristianos en el Imperio Romano. El joven Pancracio fue denunciado y aunque Diocleciano utilizó toda clase de promesas y amenazas para hacer que abandonara su fe en Jesucristo, éste se mantuvo firme en su fe y el emperador, indignado, ordenó que lo decapitaran.

La sentencia se cumplió fuera de Roma, junto a la vía Aurelia. Se dice que una mujer llamada Octavila recogió su cuerpo y lo enterró en un cementerio cercano, donde posteriormente se edificó la Basílica de San Pancracio. La lápida que hay sobre el sepulcro de este santo, cuya fiesta se celebra el 12 de mayo, afirma que allí «se devuelve la salud a cuantos a él llegan con enfermedades, y muchos beneficios de curaciones se otorgan a cuantos con fe sincera a él acuden y se acercan».

Nada apunta a la suerte ni mucho menos a los juegos de azar, como la lotería. San Pancracio era uno de los llamados «santos sanadores» medievales y, con el tiempo, el abogado de la salud y del trabajo.

«VENITE AD ME ET EGO DABO VOBIS OMNIA BONA», se lee en latín en el libro abierto que porta el santo en muchas figuras, es decir, «venid a mí y os daré todos los bienes». Se trata de una invitación a seguir y confiar en Cristo, pero hay quien también interpreta este mensaje con un sentido meramente material.

El antropólogo Javier Peso Moreno, que estudió el «fenómeno» de la devoción popular a San Pancracio, constató cómo «los devotos acuden, sin duda, a buscar una ayuda sobrenatural para resolver sus graves problemas terrenales» y las peticiones solían girar en torno a los problemas de salud, pero también de dinero, «no necesariamente identificado con la falta de trabajo».

«Hay quienes piden que su negocio vaya bien, aprobar unas oposiciones o un examen, o que le traiga suerte en la lotería», describe en su estudio publicado en «La religiosidad popular: Antropología e historia I, volumen 1».

«Ha sido San Pancracio»
Así lo hicieron las empleadas de la administración de Lotería de la calle de San Sebastián de Madrid que en 1982 repartieron la única serie del «Gordo» de Navidad, con el número 21515. «Ha sido San Pancracio», aseguraban a cuantos les escuchaban, mostrando la figura del santo que presidía su local. Desde entonces, la popularidad de este santo se disparó aún más entre los que prueban suerte con la Lotería de Navidad.

Junto al San Pancracio de la afortunada administración se podía ver el correspondiente ramillete de perejil, una costumbre que nació en el convento de las monjas clarisas de Santa María de Jesús, situado en la calle Águilas de Sevilla. Allí las religiosas conservan una talla del santo muy popular y hace unos años era habitual ver a una mujer gitana que ofrecía perejil a cambio de una limosna, como ahora hacen otras con romero junto a otras iglesias. Carlos Ros Caballar, sacerdote y autor de la obra «San Pancracio, salud y trabajo», explica que «la gente entraba con el perejil y se lo ofrecía a San Pancracio. De esa ocurrencia de la gitana viene la costumbre».



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Author : (abc)

Publish date : 2019-09-30 22:07:50

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