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El extravío del duende maligno

El extravío del duende maligno



En el frío invierno de 1619, René Descartes tuvo una pesadilla en Ulm, donde se hallaba acantonado como soldado. Soñó que era sacudido por un torbellino de nieve y que un misterioso paseante le decía que tenía algo que entregarle. Al despertarse, rezó y pidió a Dios que le protegiera.
Descartes tuvo sueños parecidos en las noches siguientes y llegó a pensar que estaba siendo seducido por un genio maligno que quería perturbar su raciocinio. Muchos años después, el filósofo francés escribió sus «Meditaciones Metafísicas», en las que plantea la hipótesis de que todo lo que sentimos y pensamos podría ser un engaño inducido por un duende que nos alienta a confundir la realidad con los sueños.
Descartes recurrió a esta metáfora del genio maligno para expresar la sospecha –la duda metódica– de que los hombres podrían ser víctimas de un espejismo de sus sentidos cuando perciben el mundo. Y ese es precisamente el sustento intelectual del razonamiento de los abogados con el que intentaron ayer desmontar las alegaciones de la Fiscalía.
Van den Eynde, Melero y Pina vinieron a decir que nada es como parece y lo que Javier Zaragoza calificó de «golpe de Estado» sólo fue un mero delito de una desobediencia forzada por las circunstancias. Según la tesis de los letrados, lo que hubo en Cataluña fue una movilización popular espontánea que arrastró a los líderes independentistas y que siempre tuvo un carácter civíco y pacífico.
Van den Eynde, el abogado de Junqueras y Romeva, tachó el proceso de «causa general» y habló de un uso ilícito del «derecho penal del enemigo», un discurso que chocó con la intervención mucho más pragmática y técnica de Javier Melero, el defensor del ex consejero Forn.
También escuchamos que no hubo delito de malversación porque el Gobierno de Puigdemont tenía autonomía para decidir cómo usaba sus recursos. Una tesis que obviaba que la consulta había sido prohibida por el Constitucional. Y tampoco faltaron referencias a la violación de derechos y la falta de igualdad de armas, unos argumentos para preconstituir el recurso a Estrasburgo en el que ya están pensando.
Hoy van a tener la oportunidad de decir su última palabra los doce acusados, pero ayer Van den Eynde cerró su defensa con «una mano tendida al diálogo» tras sugerir que una sentencia benévola del Tribunal Supremo abriría la puerta a «una solución política a la crisis». Unas expresiones mucho más propias de un dirigente político que de un letrado y que anticipan por donde puede ir Oriol Junqueras en su intervención antes de concluir el juicio.
Sería injusto negar que los alegatos de los abogados estaban bien concebidos y que éstos hicieron un esfuerzo para sustentar jurídicamente la inocencia de sus clientes, pero la misma lógica de su argumentación llevaba consigo una seria contradicción. Y esa contradicción reside en que, al negar relevancia a los hechos y calificarlos de mero ejercicio de derechos, el procés queda reducido a una pura nimiedad. En este sentido, Pina aseguró que fue a trabajar al día siguiente de la declaración de independencia como si no hubiera sucedido nada porque –según recalcó– no sucedió nada aquel día.
¿Fue todo un espejismo? ¿O una serie de gestos sin consecuencias jurídicas?¿Se aprovechó el Estado del clima de tensión para hacer una demostración de fuerza, como sugirió Melero?¿O todo se redujo a una expresión popular de descontento?
Podríamos plantearnos esas preguntas y llegar a la conclusión de que un duende logró extraviar la razón de jueces y fiscales si no fuera porque el procés fue un acto planificado desde el poder con una hoja de ruta que pasaba por pisotear la legalidad para llegar a la independencia.



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Author : (Pedro García Cuartango)

Publish date : 2019-06-12 00:14:09

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