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Doris Day, la última de la canción

Doris Day, la última de la canción



Rosalind Russell decía que una película funciona por sus momentos. Uno de los momentos más recordados de «El hombre que sabía demasiado» (1956) es Doris Day cantando cada vez más fuerte «Qué será, será» en la casa donde está secuestrado su hijo. A la actriz americana, que murió ayer a los 97 años, nunca le gustó la canción. Ni entendió qué pintaba en la película. Creía que su triunfo se debió a que gustaba a los niños. Tampoco entendió mucho a Hitchcock. Y fue él quien aseguró admirar su amplio registro y el que le prometió un papel. Y ella hizo un gran sacrificio por su pánico a volar. A los exteriores en Marruecos y Londres debió ir en barco y tren. Luego tuvo la sensación de que no estaba interesado en ella. «No me dirigía. No me decía una palabra. Se quedaba sentado y se limitaba a poner en marcha la cámara y a pararla». Doris llegó a concertar una entrevista para comunicarle que era consciente de que su trabajo no le satisfacía. Él se quedó perplejo. Lo estaba haciendo todo bien, si no se lo habría dicho. En todo caso, la película favorita de la actriz es «Doris Day en el oeste» (1953). «Calamity Jane» en inglés. Un título demencial en español. Como si «El hombre tranquilo» se hubiera titulado «Maureen O’Hara en Irlanda».

Doris Day es una de esas actrices que muchos han despreciado. Por timorata, por gazmoña, por cursi. No tengo claro si por sus papeles o por su pinta. No tengo nada contra las manías. Yo se la tengo a Adam Driver. Prefiero a Paco Martínez Soria. Creo incluso que todos los papeles de Driver los podría hacer el español Javier Botet. Pero los papeles de Doris Day solían ser de mujer independiente. Lo era Calamity Jane y lo eran las chicas de las comedias con Rock Hudson y Tony Randall. Al menos «Confidencias a medianoche» (1959) y «Pijama para dos» (1961).

Es verdad que «El hombre que sabía demasiado» reúne a la pareja menos atractiva de cualquier película de Hitchcock: el asexuado James Stewart y (ahí, sí) la meliflua Doris Day. Su única nominación al Oscar es de «Confidencias a medianoche». No lo ganó. Lo hizo Simone Signoret por «Un lugar en la cumbre», de Jack Clayton. Lo de Doris Day quizá habría sido escandaloso. No era el año. Las otras eran Audrey Hepburn por «Historia de una monja» y Katherine Hepburn y Elizabeth Taylor por «De repente el último verano».

De «El hombre que sabía demasiado» no sacó nominación pero sí su activismo a favor de los animales. Yo de Marrakech y de esa plaza Jamma el Fna he sacado el activismo de no ir a según qué países (aunque me depositaran en helicóptero en La Mamounia y me volvieran a recoger sin pisar la calle). De interpretación no hablarían pero le dijo a Hitchcock que no podía soportar cómo se trataba a los animales (caballos, monos, perros). Amenazó con no trabajar si no se les alimentaba. Hitchcock le dio su palabra. Ha sido la Doris Day Animal Foundation la que ha comunicado su muerte. Cuando veía los diamantes de Elizabeth Taylor pensaba en cuántos refugios para perros podría comprar con esos pedruscos.

Doris Day era la única persona viva de las que se mencionan en «Look At Me, I’m Sandra Dee», lo que cantaban en «Grease» en la fiesta de pijamas para reírse de Sandy. Los otros eran Sandra Dee, Rock Hudson, Troy Donohue, Elvis o Annette Funicello. Hay tantas cosas y tantos momentos que tengo que agradecer a Doris Day. Unos por haber estado. Otros por no haber estado. Gracias por rechazar «Sonrisas y lágrimas» («Soy demasiado americana para interpretar a una monja austriaca»). Y más gracias por rechazar «El graduado».



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Author : (abc)

Publish date : 2019-05-14 00:46:22

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